Piratería altruista | Musicas a lo lejos

piratabladerunnerYo era uno de esos adolescentes que invertían casi todo su dinero en música. Compraba discos y cassettes siempre que mi economía me lo permitía, y frecuentaba las tiendas de discos como si fueran locales de reunión. Todavía conservo algunas amistades que hice al compartir inquietudes en las mismas estanterías. Hablo de los años setenta y ochenta; incluso primera mitad de los noventa. A falta de internet, buenos eran los escasos programas de radio afines, los tocadiscos donde probar antes de comprar (rara vez operativos), amigos y aficionados asaltados en plena búsqueda de novedades. Fueron años duros, emocionantes y sobre todo, ingenuos.

A veces recibíamos un “soplo” acerca de algún músico interesante. Quizá alguien lo había escuchado en la radio, en alguna recopilación conmemorativa, en los créditos de películas o documentales, o un comercial nos había bendecido con sus sugerencias. El cine y los documentales fueron un semillero importante de nuevas referencias. Todavía recuerdo el impacto al descubrir la recopilación que servía de banda sonora en el documental La Aventura de las Plantas, o el sonido tan peculiar de Synergy en el disco de la serie Cosmos.

pirataTGPasábamos tardes enteras de tienda en tienda, husmeando, indagando y adquiriendo agilidad en los dedos para avanzar los álbumes por separado. Un ligero vistazo y el almacén de nuestro cerebro confirmaba si se trataba de un objetivo prioritario. Es entonces cuando empezó a suceder un fenómeno curioso; aún más con la perspectiva del tiempo. A medida que el dependiente nos veía incidir en el mismo músico o grupo, nos apartaba a un lado y nos ofrecía, de un modo grave y clandestino, grabaciones, digamos “especiales”, fuera del circuito “oficial”. Esas grabaciones correspondían normalmente a conciertos que no salían a la venta de manera regular y que suponían pequeños tesoros para sus poseedores. Algo así como piezas de coleccionista que todos envidiaban. No era dificil colocar la idea de necesidad en la mente adolescente de un aficionado. Y por esas joyas pedían no menos de 5.000 pesetas (30 euros).

piratasupermarketLos llamaban discos piratas. El sonido solía ser horrible, el diseño doméstico, el precio abusivo… pero teníamos la fortuna de poseer una grabación casi exclusiva de nuestro grupo favorito. Las tiendas no facturaban por esas copias (lógicamente) ni los músicos y canales de distribución legales veían un céntimo por esas ventas, pero aquella piratería sí que estaba bien. Era piratería altruista (sólo 30 módicos euros por copia). Tenía un propósito cultural. España iba bien. Yo debo tener unos cuatro o cinco vinilos piratas que habré escuchado un par de veces como mucho. No sé si por el pésimo sonido o por lo mal que me siento al haber sido tan ingenuo.

El caso es que ése motivo, junto a otros muchos, condujo al consumidor a revelarse contra los abusos y a compartir contenidos evitando intermediarios y canales oficiales. Y entonces esa nueva piratería dejó de ser buena. No voy a defender a nadie a estas alturas. Que cada palo aguante su vela y que cada uno haga su propio examen de conciencia, pero es posible que aquellos polvos trajeran estos lodos. Ahora los discos piratas se llaman bootlegs, pero ya nadie paga por ellos.

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