Mezcla | Musicas a lo lejos

Mezcla

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Imaginaos que camináis por la calle acompañados por vuestra pareja que os susurra algo al oído. Al mismo tiempo, a unos metros de distancia, un vecino os saluda con efusividad, y a unos veinte o treinta metros más lejos, detenido en un semáforo, un Opel Calibra inunda generosamente la manzana con makineta de Valencia desde su equipo de 800W de potencia. Si queréis, podéis añadir un parque en la acera opuesta desde el que llega el rumor de unos niños jugando y alguna madre increpando a su hijo. Vamos, una escena habitual de cualquier pueblo.

Objetivamente, el volumen del foco sonoro que emite el Calibra debería ser el centro de atención, porque es la fuente más potente. Incluso debería anular a las demás por la enorme diferencia de decibelios (db). Pero lo que a vosotros os pone realmente golosos es que vuestra pareja os susurre al oído.

¿Por qué sucede esto y cómo podemos trasladarlo a nuestra mezcla de audio?

El secreto está en las funciones HRTF o Funciones de Transferencia en Relación a la Cabeza (Head-Related Transfer Functions, en inglés), que describen cómo los sonidos sufren una serie de modificaciones durante el tránsito desde su origen hasta nuestros oídos. Podemos considerar un foco sonoro como un emisor puntual que emite un frente de ondas tridimensional. Se expande como una esfera hasta el receptor (nosotros) y sufre alteraciones producidas por la morfología del entorno donde transita. La voz de nuestro vecino rebota en el suelo, la pared del edificio contiguo, los vehículos estacionados en batería, etc. Estos rebotes inciden en el frente de ondas inicial y lo modifican, alterando sus propiedades (fase, amplitud, espectro, etc.); en definitiva, modulándolo. Y debemos tener en cuenta que esos obstáculos no son lisos e impermeables; tienen formas concretas y están construidos con materiales que reflejan y absorben el sonido de manera diferente, con ángulos también diferentes. Será nuestra experiencia personal la que nos ayude a reconocer dónde estamos en función de las modulaciones del sonido que percibimos. Es éste bagaje sonoro el que usaremos para configurar la profundidad de campo en la mezcla.

Cuanto más cerca esté el foco sonoro, menos reflexiones y por… Sigue leyendo

Uno de los problemas recurrentes en las producciones electrónicas a los que me he enfrentado es la falta de perspectiva de la programación de sonidos enfocados a la mezcla. Es un problema típico también en las bandas acústicas (rock, pop, etc), donde cada músico busca el sonido que más le seduce sin fijarse que no está ocupando el lugar correcto dentro del sonido global del grupo.

Por eso, una de las recomendaciones que siempre doy a los principiantes es que formen una banda o ingresen en alguna ya creada, porque se trata de un ejercicio ayuda a corregir varios errores básicos e incluso a definir el carácter personal a través del trabajo en equipo. Pero este no es el motivo del texto de hoy. Quiero incidir en el arte de la mezcla.

Siempre se aconseja que en la mezcla, desde el punto de vista de la ecualización, es mejor quitar que añadir; y mejor todavía hacerlo en pequeñas dosis. Normalmente no hay pista que se libre de una ecualización (o varias), y aunque nos parezca algo natural y aconsejable, también hay que tener en cuenta que cada modificación de frecuencias afecta al espectro del sonido, pudiendo perder parte del espíritu inicial e incluso crear artefactos.

No quiero sonar alarmista, pero tampoco me gusta dejar que las cosas sucedan sin saber el motivo, y mucho menos si puedo tener un control sobre el proceso. Los músicos que se dejan llevar son los que van llenando la mezcla según les suena bien, y paran de componer a medida que consideran que ya está todo lleno y no cabe más. Esto es limitarse y bajo mi criterio no es admisible para la gente que se considera inquieta y creativa.

La idea es programar sonidos pensando en la función que van a desempeñar dentro de una pieza, de manera que el grado de adaptación sea el mayor posible y, por tanto, la necesidad de recortar o modificar espectros sea menor. Ya comenté en otra entrada que los músicos electrónicos solemos hacer esto de manera intuitiva porque nuestra relación con el sonido nos lleva a interiorizar esta clase de situaciones, pero no está de más… Sigue leyendo

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